Domingo de Ramos (Id=244)
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En este día, la Iglesia recuerda la entrada de Cristo, el Señor, en
Jerusalén para consumar su misterio pascual. En todas las misas se hace memoria
de esta entrada del Señor:
(I) por medio de una procesión (que no puede
repetirse)
(II) de una entrada solemne , antes de la misa
principal,
(III) por medio de una entrada sencilla , antes
de las demás misas.
1. A la hora señalada los fieles se reúnen fuera del
templo llevando ramos en la mano.
2. El celebrante, revestido con los ornamentos rojos requeridos para la
misa, se acerca al lugar donde el pueblo está congregado. El celebrante, en
lugar de casulla, puede usar la capa pluvial, que se quitará después de la
procesión.
3. Se canta la siguiente antífona (Mt 21,9) o
un canto apropiado
¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el
Rey de Israel! ¡Hosanna en el cielo!
4. El celebrante saluda al pueblo y hace una breve exhortación para
invitar a los fieles a participar activa y conscientemente en la celebración de
este día. Puede hacerlo con éstas palabras:
Queridos hermanos y hermanas: Desde el principio de la Cuaresma nos venimos preparando
con obras de penitencia y caridad.
Hoy, cercana ya la noche de Pascua, en comunión con toda la Iglesia, nos
reunimos para iniciar la celebración de los misterios de la Pasión de nuestro
Señor Jesucristo.
Acompañemos con fe y devoción a nuestro Salvador en su entrada a la ciudad
santa, para que participando ahora de su cruz, merezcamos un día tener parte en
la Resurrección.
5. Después de la exhortación, el celebrante dice la siguiente oración
para bendecir los Ramos
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, dígnate bendecir † estos ramos y, a cuantos
acompañamos jubilosos a Cristo, nuestro rey y Señor, concédenos reunirnos
contigo en la Jerusalén del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En silencio, rocía con agua bendita los ramos
6. El celebrante proclama el Evangelio de la entrada del Señor.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
21, 1-11
Gloria a ti, Señor.
Cuando se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé,
junto al monte de los Olivos, envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles:
"Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrada
una burra y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les
pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida los
devolverá".
Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta: "Díganle a
la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti,
apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo".
Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encargado y
trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre ellos sus mantos y
Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el
camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso. Los que
iban delante de él y los que lo seguían gritaban:
"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del
Señor! ¡Hosanna en el cielo!"
Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos decían:
"¿Quién es éste?"
Y la gente respondía:
"Este es el profeta Jesús, de Nazaret de
Galilea".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
7. Después del evangelio, si se cree oportuno, se puede tener una breve
homilía. Antes de comenzar la procesión, puede hacer una monición con estas
palabras:
Como la muchedumbre que aclamaba a Jesús, acompañemos también nosotros con
júbilo al Señor.
8. Comienza la procesión hacia el templo. Va delante el que lleva el
incienso, luego el que lleva la cruz adornada, en medio de dos ministros con
velas encendidas. A continuación el celebrante con los demás ministros. Por
último, los fieles con los ramos cantando del salmo 23.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes,
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sagrado?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos ni jura contra el prójimo en falso.
"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"
¡Portones!, alzad los linteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es el Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"
¡Portones!, alzad los linteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es el Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos:
él es el Rey de la gloria.
"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"
9. El celebrante, al llegar al altar, lo venera y -si lo juzga oportuno-
lo inciensa. Después va a la sede (se quita la capa pluvial y se pone la
casulla) y, omitiendo otros ritos, dice la oración colecta de la misa, que
seguidamente ya se desarrolla como de costumbre.
1. La entrada solemne antes de la misa principal se
celebra dentro del templo.
2. Los fieles se reúnen o en la puerta de la iglesia o en la misma
iglesia, teniendo los ramos en la mano. El celebrante y los ministros se
dirigen al lugar más apto de la iglesia donde la mayor parte de los fieles
puedan apreciar el rito.
3. Mientras el celebrante se dirige al lugar escogido,se canta la siguiente antífona (Mt
21,9) o un canto apropiado
¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey
de Israel! ¡Hosanna en el cielo!
4. El celebrante saluda al pueblo y hace una breve exhortación para
invitar a los fieles a participar activa y conscientemente en la celebración de
este día. Puede hacerlo con éstas palabras:
Queridos hermanos y hermanas: Desde el principio de la Cuaresma nos venimos
preparando con obras de penitencia y caridad.
Hoy, cercana ya la noche de Pascua, en comunión con toda la Iglesia, nos
reunimos para iniciar la celebración de los misterios de la Pasión de nuestro
Señor Jesucristo.
Acompañemos con fe y devoción a nuestro Salvador en su entrada a la ciudad
santa, para que participando ahora de su cruz, merezcamos un día tener parte en
la Resurrección.
5. Después de la exhortación, el celebrante dice la siguiente oración
para bendecir los Ramos
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, dígnate bendecir † estos ramos y, a cuantos
acompañamos jubilosos a Cristo, nuestro rey y Señor, concédenos reunirnos
contigo en la Jerusalén del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En silencio, rocía con agua bendita los ramos
6. El celebrante proclama el Evangelio de la entrada del Señor.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
21, 1-11
Gloria a ti, Señor.
Cuando se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé,
junto al monte de los Olivos, envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles:
"Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrada
una burra y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les
pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida los
devolverá".
Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta: "Díganle a
la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti,
apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo".
Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encargado y
trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre ellos sus mantos y
Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el
camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso. Los que
iban delante de él y los que lo seguían gritaban:
"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del
Señor! ¡Hosanna en el cielo!"
Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos decían:
"¿Quién es éste?"
Y la gente respondía:
"Este es el profeta Jesús, de Nazaret de
Galilea".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
7. Después del Evangelio, el celebrante con los ministros se dirigen
solemnemente por la iglesia hacia el altar, mientras se puede cantar el salmo
46.
Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo,
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra.
"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"
El nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones;
él nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado.
"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"
Dios asciende entre aclamaciones,
el Señor al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad;
porque Dios es Rey del mundo:
tocad con maestría.
"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado:
los príncipes de los gentiles se reúnencon el pueblo
del Dios de Abrahán,
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es excelso.
"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"
8. Cuando ha llegado al altar, el celebrante lo venera, después va a la
sede y, omitiendo otros ritos, dice la oración colecta de la misa, que
seguidamente se desarrolla como de costumbre.
1. En las restantes misas de este domingo en las que no
se tiene entrada solemne, se hace memoria de la entrada del Señor en Jerusalén
por medio de la entrada simple.
2. Mientras el celebrante se dirige al altar, se canta la antífona de
entrada con el salmo:
Seis días antes de la
solemnidad de la Pascua, cuando el Señor subía a la ciudad de Jerusalén, los
niños, con ramos de palmas, salieron a su encuentro, y con júbilo proclamaban:
"¡Hosanna en el cielo! ¡Bendito tú que vienes y nos traes la misericordia
de Dios!"
Ante sex dies sollémnis Paschae, quando venit Dóminus
in civitátem Ierúsalem, occurrerunt ei púeri: et manibus portábant ramos palmárum et clamabnt voce magna, dicentes:
Hosanna in excélsis: Bendíctus
qui venísti inmultitúdine misericórdae tuae.
Llegado al altar, el celebrante lo venera y saluda al pueblo.
Seguidamente, la misa se desarrolla como de costumbre.
3. Es conveniente, donde no se haya podido tener procesión ni entrada
solemne, que se tenga una celebración de la Palabra sobre la entrada del Mesías
y la Pasión del Señor, o en la tarde del sábado o en una hora oportuna del
domingo.
Dios todopoderoso y eterno, tú quisiste
que nuestro Salvador se hiciese hombre y muriese en la cruz, para mostrar al
género humano el ejemplo de una vida sumisa a tu voluntad; concédenos que las
enseñanzas de su pasión nos sirvan de testimonio y que un día participemos en
su gloriosa
resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Celebrante:
Imploremos, hermanos y hermanas, a Jesús, el Sumo Sacerdote de la fe que
profesamos, que en la cruz presentó, con lágrimas en los ojos, oraciones y
súplicas al Padre, y oremos también nosotros por todos los hombres:
Respondemos: Escúchanos Señor.
Para que el Señor, que en la cruz
excusó a los ignorantes y pidió perdón por ellos, tenga piedad de los fieles
que han caído en el pecado, les dé valor para recurrir al sacramento de la
penitencia y les conceda el gozo del perdón y de la paz, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.
Para que la sangre de Jesús, que
habla más favorablemente que la de Abel, reconcilie con Dios a los que aún
están lejos . a causa de la
ignorancia, la indiferencia, la maldad o las propias pasiones, roguemos al
Señor.
Escúchanos Señor.
Para que el Señor, que en la cruz
experimentó la amargura de sentirse triste y abandonado, se apiade de los
enfermos, los afligidos y los oprimidos y les envíe a su ángel para que los
conforte, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.
Para que el Señor, que recibió en
su reino al ladrón arrepentido, se apiade de nosotros, nos dé sentimientos de
contrición y nos admita, después de la muerte, en su paraíso, roguemos al
Señor.
Escúchanos Señor.
Celebrante:
Dios todopoderoso y eterno, que enviaste a tu Hijo al mundo, para que, con su
pasión, destruyese el pecado y la muerte y, con su resurrección, nos devolviese
la vida y la felicidad, escucha las oraciones de tu pueblo y haz que podamos
gozar de los frutos de la cruz gloriosa de Jesucristo.
El, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Por la Pasión de tu Hijo sé propicio a
tu pueblo, Señor, y concédenos, por esta celebración que actualiza el único
sacrificio de Jesucristo, la misericordia que no merecen nuestros pecados.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La Pasión del Señor
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
El cual, siendo inocente, se entregó a la muerte por los pecadores, y aceptó la
injusticia de ser contado entre los criminales. De esta forma, al morir,
destruyó nuestra culpa, y, al resucitar, fuimos justificados.
Por eso,
te alaban los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar:
[Misa]
Padre mío, si este cáliz no
puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.
Pater, si non potest hic calix transíre,
nisi bibam illum, fiat volúntas
tua.
Oremos:
Padre todopoderoso, que nos has alimentado con esta Eucaristía, y por medio de
la muerte de tu Hijo nos das la esperanza de alcanzar lo que la fe nos promete;
concédenos, Señor, llegar por medio de su Pasión, Muerte y Resurrección a la
meta de nuestras esperanzas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.